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Carta a los sobrevivientes




No sé cómo hemos llegado a esto. Ni sé por qué lo hemos permitido, si el Apocalipsis va llegando día a día, si la enfermedad nos va a ir cubriendo, si vamos a quedarnos sin oxígeno. No sé cómo hemos llegado a esto, y creo que da igual saberlo. Lo fundamental es darse cuenta y cambiar.

Me pregunto quién fue el primer "genio" en señalar y castigar al que era distinto a él, pero no cambiaría nada. Me pregunto cómo debió sentirse la primera persona señalada (seguramente como ahora, ni más ni menos), maltratada. Me pregunto por qué interesa tanto perpetuar esto, siendo mucho más fácil, natural y productivo el tratar a los demás como iguales.

Hijos, si algún día me leéis, quiero que lo entendáis desde el principio: todos somos personas. Todos tenemos la opción de ser libres, y de hacer lo que queramos. Ni yo ni nadie os puede robar el derecho a vuestra genialidad, a vuestra individualidad, pero entended que igual que vosotros sois libres, también lo son los demás. Trabajad para garantizar esa libertad a vuestro alrededor, tenéis mucho por hacer, pero mucho más por ganar.

Veréis que no todo es tan fácil como desearlo: habrá por el camino quien no quiera que vayáis demasiado lejos, incluso sin desearos ningún mal, simplemente no querrán que avancéis demasiado: tenéis que alejaros de ellos. No son malos, de verdad, no son mala gente: pero tienen que encontrarse. Y mientras eso ocurra, si os entretenéis demasiado en el camino con ellos, os retrasarán, o peor, os quitarán las ganas de seguir y lo veréis todo de su color gris. Confiad en vosotros mismos lo suficiente como para decir: ojalá te vaya bien y nos encontremos más adelante, pero tengo que seguir sin ti. 

Hijos, si algún día nos miramos a los ojos, recordad que no hay nada tan fuerte como un propósito. Y si por el camino hacia ese propósito os volvéis déspotas, además de una guantá bien dada, os habréis perdido y habrá que volver a empezar. Vuestro propósito, como el de todas las personas que hay en este planeta que nos sostiene, es transcurrir por un camino, no llegar a una meta. El propósito es vivir y dejar vivir. Explotar las cualidades, las vivencias, las oportunidades. Dejar pasar unos trenes y coger otros. Ilusionarse. Enamorarse. Crecer y derrumbarse para volver a ponerse en pie. Alegrarse de las dichas ajenas, y dar gracias por la abundancia y el amor que os rodea.

Siento deciros que hay muchas cosas que creo que en el mundo no van bien: cuando te dictan a qué dios tienes que rezar, en qué tienes que creer, cómo tienes que ser. A quién tienes que amar. Cómo te has de identificar por tener un cuerpo u otro. Te dirán que debes tener hijos, cuántos, a qué edad. Te dirán lo que debes estudiar, lo que debes ser, a qué te debes dedicar. Habrá quien te diga que te tienes que casar para no dar un disgusto a alguien, y dónde hacerlo, y ante quien. Habrá quien os mire de determinada manera por haber trabajado en tal o cual sitio, o por ir con tal o cual persona. Por vuestra forma de vestir, de andar. Seréis juzgados, manipulados, observados y dios sabe qué más. Siento deciros que esto hoy es una realidad, pero por suerte hay mucha gente luchando para cambiarlo, día a día. Quizás yo no lo vea, ni siquiera lo veáis vosotros. Pero de eso se trata, de hacer camino al andar, de hacer propósito al caminar. 

Hijos, sería feliz si pudiera daros vida en un mundo donde diera igual todo lo anterior, y pudierais simplemente ser vosotros, en un lienzo en blanco. Querría miraros a los ojos orgullosa de donde estoy y donde os dejo. Que amarais a quien quisierais, hombre o mujer. Que estudiarais lo que más os llenase como personas. Que vistierais libremente, cuadrados con estrellas, en perfecta armonía. Que llegarais a ser vuestra más preciosa versión, personitas llenas de sueños y de amor hacia los demás.

Si no puedo daros un mundo así cuando os mire a los ojos por primera vez, al menos me sentiré feliz si cuando los vea por última, dejo todo un poquito mejor de lo que lo encontré. Una vida por los demás, bien vale pelearla. 

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