Hola a todos!
Lamento no continuar hablando hoy de la asertividad, pero estoy preparando la entrada ya.
Hoy, sin embargo, creo que la entrada es más mía, y menos sacada del procesamiento natural de la lectura y los cursos (aunque haya libros escritos al respecto, no dejéis de buscarlos si os sentís intrigados y queréis saber más). La de hoy es una entrada entrañable (que viene de las entrañas): el poder, el tremendo poder de la palabra escrita. Use este arma con sabiduría, y no tendrá puerta que no pueda abrir ni persona a la que no pueda llegar.
Es cierto que la palabra hablada, un buen discurso, la dialéctica, alguien que hable de cualquier tema con seguridad en lo que dice y en sí mismo... la palabra hablada es motivadora y fundamental, claro que sí. Pero no denostemos por ello la fuerza de la palabra escrita, y no me refiero a los libros.
El efecto a palabra escrita perdura por siempre. Pueden seguir leyéndola generaciones. La palabra escrita, sobretodo escrita a mano (y esto diría que es lo fundamental), es el alma de quien lo ha escrito. No tiene el mismo efecto si vemos el discurso de alguien importante, que si ese alguien nos escribe una carta personalizada para nosotros. ¿Estáis de acuerdo? No es equiparable siquiera a una conversación. La letra escrita se lee en silencio, es alguien abriéndome su corazón y haciéndome llegar lo que siente. No es lo mismo que la palabra hablada, ni por asomo.
Primer ejemplo gráfico: cuando un (buen) compañero se va del trabajo, qué es lo que hacemos para que nos recuerde, aparte del regalillo de rigor? Entre todos le escribimos los mejores deseos que tenemos para él/ella en una tarjeta. ¿Por qué lo hacemos? si tenemos facebook, linkedin, instagram, whatsapp... podremos seguir en contacto indefinidamente. ¿Por qué entonces le escribimos unas frases? Instintivamente lo sabemos: cuando ese alguien lo relea, nos recordará. Estará leyendo lo que de corazón deseo que le ocurra, ni más ni menos. En esas letras escritas hay un mensaje que dicho en voz alta, se perdería. Y os puedo asegurar que años después, cuando encuentras esa tarjeta, ocurre algo en ti que no ocurre releyendo un email o un mensaje electrónico. La secuencia química que desencadena leer un mensaje escrito dirigido a nosotros, escrito a mano, no lo desencadena nada más.
Las cartas de amor. Cuando no teníamos al alcance tanta aplicación electrónica, las cartas eran (son) una forma infalible de encandilar. Pero ¿ahora? Ahora, si cabe, mucho más. Porque por mucho que sea genial recibir un mensaje en tu móvil en cualquier momento del día, el que te escriban una carta es algo especial. Lo físico siempre cala más que cualquier sustitutivo digital, y echando la vista atrás, creo que siempre será así. Guardamos esas cartas como tesoros. Son los pensamientos de alguien, dirigidos a nosotros. ¿Qué hay más valioso? Cuando terminamos mal con alguien, lo primero que hacemos es romper esas cartas, tal es la importancia que tienen. Tendrán que pasar años para que nuestras generaciones puedan darme la razón: cuando seamos viejitos, con miles de opciones para contactar con todo el mundo en cualquier momento, quien haya tenido la suerte de recibir una carta de amor... ¿creéis que la conservará, o la habrá escaneado y borrado la original?
Las notas. Recientemente, vino un compañero a la oficina, para darme formación en su área de conocimiento, etc... Resulta que me tenía que marchar de vacaciones un poco antes de la hora habitual, y él estaba reunido con su equipo. Me sabía mal no poder despedirme, pero no le quería interrumpir y tenía que irme ya. ¿Qué hice? Lo que llevo haciendo toda mi vida: le escribí una nota: “Merçi pour tout. Bon voyage!”. Si simplemente me hubiera marchado sin despedirme, la impresión hubiera sido otra completamente diferente. El asunto es que me escribió un mensaje diciéndome que una pena que no nos hubiéramos podido despedir, pero que tuviera unas buenas vacaciones. Sospecho que si no hubiera escrito nada, ese mensaje no hubiera existido. Y más aún: se hubiera plantado la semilla en su mente de que soy una desagradecida. Ese post-it en su mesa ha hecho la diferencia. Un mensaje a tiempo, puede cambiarlo todo. De hecho, lo hace!! Probad a enviar un ramo de flores con una nota manuscrita: vuestro ramo será el más querido, aunque sólo sean unas dignas margaritas.
Las cartas. La carta a los reyes magos. La carta por el día del padre o de la madre. La carta DE los reyes magos (poder infinito). El carteo con los amigos. Enviar postales (no tan en desuso como podría imaginarse). Hace un tiempo descubrí en casa de mis padres dos cajas de zapatos llenas a reventar de cartas. Cartas increíbles. Leerlas fue dar un salto hacia atrás, al pasado, hacia quién era yo hace veinte años. Hacia quiénes eran ell@s hace veinte años. Increíble la sensación. Me enganché de tal manera que las leí todas, me pasé toda la tarde sacándolas de sus sobres, y volviéndolas a colocar donde estaban. Después de perder muchas horas, no tuve valor de tirar ninguna. Pero la sensación maravillosa de recordar cómo era y cómo han cambiado las cosas, y yo misma, no la puede dar un email, por muy importante que sea lo que diga. Por cierto... si no habéis escrito una carta, nunca es tarde: os redescubriréis a vosotros mismos, pero sin duda también a los demás. Y quizás veáis el germen de ciertos comportamientos que ahora conocéis bien.
Me dejo más ejemplos en el tintero, pero no importa si habéis entendido lo que os he querido transmitir: jamás, nunca, desdeñéis el poder que tenéis para hacer lo correcto. Usad la palabra manuscrita como forma de impactar en los demás, de dejar vuestra huella. Usadla en vuestro beneficio, naturalmente, pero usadla sobretodo porque es un arma poderosa para cambiar nuestro entorno. Y cuando la recibáis de vuelta, amadla y sentiros agradecidos por ello.
Hasta la próxima!!
Lamento no continuar hablando hoy de la asertividad, pero estoy preparando la entrada ya.
Hoy, sin embargo, creo que la entrada es más mía, y menos sacada del procesamiento natural de la lectura y los cursos (aunque haya libros escritos al respecto, no dejéis de buscarlos si os sentís intrigados y queréis saber más). La de hoy es una entrada entrañable (que viene de las entrañas): el poder, el tremendo poder de la palabra escrita. Use este arma con sabiduría, y no tendrá puerta que no pueda abrir ni persona a la que no pueda llegar.
Es cierto que la palabra hablada, un buen discurso, la dialéctica, alguien que hable de cualquier tema con seguridad en lo que dice y en sí mismo... la palabra hablada es motivadora y fundamental, claro que sí. Pero no denostemos por ello la fuerza de la palabra escrita, y no me refiero a los libros.
El efecto a palabra escrita perdura por siempre. Pueden seguir leyéndola generaciones. La palabra escrita, sobretodo escrita a mano (y esto diría que es lo fundamental), es el alma de quien lo ha escrito. No tiene el mismo efecto si vemos el discurso de alguien importante, que si ese alguien nos escribe una carta personalizada para nosotros. ¿Estáis de acuerdo? No es equiparable siquiera a una conversación. La letra escrita se lee en silencio, es alguien abriéndome su corazón y haciéndome llegar lo que siente. No es lo mismo que la palabra hablada, ni por asomo.
Primer ejemplo gráfico: cuando un (buen) compañero se va del trabajo, qué es lo que hacemos para que nos recuerde, aparte del regalillo de rigor? Entre todos le escribimos los mejores deseos que tenemos para él/ella en una tarjeta. ¿Por qué lo hacemos? si tenemos facebook, linkedin, instagram, whatsapp... podremos seguir en contacto indefinidamente. ¿Por qué entonces le escribimos unas frases? Instintivamente lo sabemos: cuando ese alguien lo relea, nos recordará. Estará leyendo lo que de corazón deseo que le ocurra, ni más ni menos. En esas letras escritas hay un mensaje que dicho en voz alta, se perdería. Y os puedo asegurar que años después, cuando encuentras esa tarjeta, ocurre algo en ti que no ocurre releyendo un email o un mensaje electrónico. La secuencia química que desencadena leer un mensaje escrito dirigido a nosotros, escrito a mano, no lo desencadena nada más.
Las cartas de amor. Cuando no teníamos al alcance tanta aplicación electrónica, las cartas eran (son) una forma infalible de encandilar. Pero ¿ahora? Ahora, si cabe, mucho más. Porque por mucho que sea genial recibir un mensaje en tu móvil en cualquier momento del día, el que te escriban una carta es algo especial. Lo físico siempre cala más que cualquier sustitutivo digital, y echando la vista atrás, creo que siempre será así. Guardamos esas cartas como tesoros. Son los pensamientos de alguien, dirigidos a nosotros. ¿Qué hay más valioso? Cuando terminamos mal con alguien, lo primero que hacemos es romper esas cartas, tal es la importancia que tienen. Tendrán que pasar años para que nuestras generaciones puedan darme la razón: cuando seamos viejitos, con miles de opciones para contactar con todo el mundo en cualquier momento, quien haya tenido la suerte de recibir una carta de amor... ¿creéis que la conservará, o la habrá escaneado y borrado la original?
Las notas. Recientemente, vino un compañero a la oficina, para darme formación en su área de conocimiento, etc... Resulta que me tenía que marchar de vacaciones un poco antes de la hora habitual, y él estaba reunido con su equipo. Me sabía mal no poder despedirme, pero no le quería interrumpir y tenía que irme ya. ¿Qué hice? Lo que llevo haciendo toda mi vida: le escribí una nota: “Merçi pour tout. Bon voyage!”. Si simplemente me hubiera marchado sin despedirme, la impresión hubiera sido otra completamente diferente. El asunto es que me escribió un mensaje diciéndome que una pena que no nos hubiéramos podido despedir, pero que tuviera unas buenas vacaciones. Sospecho que si no hubiera escrito nada, ese mensaje no hubiera existido. Y más aún: se hubiera plantado la semilla en su mente de que soy una desagradecida. Ese post-it en su mesa ha hecho la diferencia. Un mensaje a tiempo, puede cambiarlo todo. De hecho, lo hace!! Probad a enviar un ramo de flores con una nota manuscrita: vuestro ramo será el más querido, aunque sólo sean unas dignas margaritas.
Las cartas. La carta a los reyes magos. La carta por el día del padre o de la madre. La carta DE los reyes magos (poder infinito). El carteo con los amigos. Enviar postales (no tan en desuso como podría imaginarse). Hace un tiempo descubrí en casa de mis padres dos cajas de zapatos llenas a reventar de cartas. Cartas increíbles. Leerlas fue dar un salto hacia atrás, al pasado, hacia quién era yo hace veinte años. Hacia quiénes eran ell@s hace veinte años. Increíble la sensación. Me enganché de tal manera que las leí todas, me pasé toda la tarde sacándolas de sus sobres, y volviéndolas a colocar donde estaban. Después de perder muchas horas, no tuve valor de tirar ninguna. Pero la sensación maravillosa de recordar cómo era y cómo han cambiado las cosas, y yo misma, no la puede dar un email, por muy importante que sea lo que diga. Por cierto... si no habéis escrito una carta, nunca es tarde: os redescubriréis a vosotros mismos, pero sin duda también a los demás. Y quizás veáis el germen de ciertos comportamientos que ahora conocéis bien.
Me dejo más ejemplos en el tintero, pero no importa si habéis entendido lo que os he querido transmitir: jamás, nunca, desdeñéis el poder que tenéis para hacer lo correcto. Usad la palabra manuscrita como forma de impactar en los demás, de dejar vuestra huella. Usadla en vuestro beneficio, naturalmente, pero usadla sobretodo porque es un arma poderosa para cambiar nuestro entorno. Y cuando la recibáis de vuelta, amadla y sentiros agradecidos por ello.
Hasta la próxima!!
Comentarios
Publicar un comentario