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Cuando comunicar lo es todo. Asertividad. (I)



Hola a todos!

Estaba deseando escribiros, se pasan las semanas (y los meses, y las estaciones) volando!!

Como os comenté en la anterior entrada (un poco ñoña, ahora que la releo, pero lo ñoño también forma parte del mundo, así que ahí se va a quedar), estaba pendiente del ascenso, que ya ha ocurrido (albricias!). Así que ahora ando pues en lo que os imagináis: bombardeo de información, de cursos y de charlas y consejos por doquier. Y muy buenos deseos de parte de mucha gente (esos ánimos, que no nos falten).

Del tema que quiero hablaros hoy (que seguro será la primera entrada de muchas relacionadas, veremos) es de la comunicación: lo importante que nos dicen que es, y lo poco y mal que nos enseñan a emplearla.

Cada cual tiene su bagaje cultural, sus estudios y sus vivencias y experiencias. Todos tenemos nuestro propio mapa de cómo funcionan las cosas. Y entre sinapsis y sinapsis, en la materia gris que ocupa la mayor parte de nuestra cabeza, tenemos un apartado muy muy importante que está dedicado a la comunicación y el lenguaje. De entrada, uno ya puede preguntarse para qué tenemos tanto espacio y recursos dedicados explícitamente al lenguaje...  Quizás sea más importante de lo que pensamos, no os parece?

No sé vuestra experiencia, pero por la razón que sea, desde muy pequeña he tenido la necesidad de comunicarme: la escritura, concretamente, ha sido mi salvavidas desde que tengo recuerdos, mucho más que la lectura (aunque esta llegó primero). Los idiomas, los libros, la radio y la televisión, ahora internet... Realmente para todo el mundo es necesaria la comunicación, sólo que algunos le dan más importancia. Curiosamente, los que suelen darle menos importancia, son también los que peor la emplean, porque...  estaréis de acuerdo conmigo en que no todo el mundo lo hace igual de bien. Es como respirar: sí, seguimos vivitos y coleando, sabemos respirar. Pero os invito a una clase de respiración consciente, mindfulness, yoga, reiki... os daréis cuenta muchos de que no tenéis ni idea de respirar correctamente. Pues en la comunicación pasa lo mismo: hablamos de cualquier manera, pretendemos que se nos entienda a la primera, y si el mensaje no es correctamente entendido por el otro, es su problema.

Por qué nos cuesta tanto hablar en condiciones, y asegurarnos de que se entiende lo que queremos decir?

Los críos lo hacen perfectamente antes de que les volvamos grises con nuestros miedos, fobias e ideas preconcebidas de cómo es el mundo: cuando necesitan algo, lo piden. Y si no les has entendido a la primera, se esforzarán al máximo para que sepas lo que necesitan: te señalarán el chupete, el biberón, la cama, el orinal... es una lástima que perdamos esa necesidad de querer decir lo que pensamos/necesitamos con la edad, pero por suerte se puede recuperar (añadiría que "se debe").

Hay un dicho en Alemania que dice: "A quien habla bien, se le entiende bien". Y quizás esto es algo que nos pasa mucho a los latinos, que al hablar divagamos, no lo decimos con seguridad, dudamos antes de decirlo, mientras lo decimos y cuando lo hemos terminado de decir... mientras que en otros rincones del mundo (los que solemos describir como gente seca, demasiado directa o simplemente borde) simplemente se aseguran de que lo que quieren decir, sea dicho. Y nada más. No hay una intención más allá, les da igual si suenan excesivamente duros.

Lo que os propongo es el punto medio, sin extremismos: ni hablar como si tuvieras miedo, ni hacerlo como si fuera una orden. Transmite el mensaje sin miedo, pero ante todo, asegúrate de que no hay eco al otro lado: si el receptor no lo ha entendido, es tu obligación explicarlo otra vez, o del modo que consideres oportuno, para que lo entienda. Si el mensaje no llega, ten por seguro que es tu responsabilidad.

Entiendo que hay muchos factores detrás: puede haber timidez, inseguridad a decir lo que piensas o incluso miedo a que tus ideas no sean lo suficientemente buenas. Hasta la fecha incluso las ideas que no parecían especialmente atractivas en un primer momento, después de las preguntas adecuadas para obtener lo que realmente se quería decir, resultaban ser geniales. Y es que cuanto más cuesta decir las cosas, es cierto que se piensan más, y piensas en muchísimos factores y gente que se vería implicada. Esto es importante no perderlo. No pierdas de vista las consecuencias, la gente implicada, el factor humano... y ahora, con toda esa perspectiva tan tan valiosa, comunica lo que quieres decir sin divagar. Simplemente dilo, y presta atención a la audiencia. Las caras hablarán por sí mismas.

Ya partiendo de la idea de lo fundamental que es expresarse con claridad e ir al punto de lo que queremos decir (cosa que la inmensa mayoría de la gente no hace bien, con lo cual llegar hasta aquí ya es algo súper importante),aquí el abanico de lo que os podría contar a continuación es simplemente infinito. Podría hablaros de Asertividad. Podría hablaros del tipo de mente de quién habla y de quién escucha (si es una mente que piensa en imágenes, en sonidos, en sensaciones...). Podría hablaros incluso de la programación neurolinguística (PNL). De la importancia de los logopedas y foniatras. De la expresión corporal y todo lo que dice sin ayuda de las palabras.... ¿os dáis cuenta? La comunicación, el hecho de que nos guste cómo (y no de qué, necesariamente) habla cierta persona, el mensaje que lanzamos antes de abrir la boca siquiera, la comunicación no verbal... cuán importante es saber comunicar, y comunicarse bien. Cuánto presuponemos saber de alguien antes de que abra siquiera la boca, por cómo mira, cómo sonríe, incluso cómo escucha cuando le hablan.

Es tanto lo que os tengo que contar, que empezaré por la primera palabra que desencadenó en mí la reacción química que hizo que hoy os esté escribiendo en este blog. Ya os la he presentado: la Asertividad.

Podéis buscar en internet un sinfín de definiciones, trucos y conceptos relacionados con la asertividad. Pero os prometo que no hay nada más efectivo para convenceros de lo maravillosa que es, hasta que conocéis a alguien asertivo. Os dejo la definición aquí. Como ya os había adelantado, es poner sobre la mesa lo que pensamos, pero lejos de la pasividad y del enfado. Concretamente a la misma distancia de los dos: en el centro.

Recuerdo la primera persona asertiva que conocí  Creo que le encontré el momento justo, pues además de joven e impresionable, estaba llena de miedos, de inseguridad, de desconfianza hacia los demás por culpa del bullying de toda la vida entre otras cosas (por suerte no te grababan en los ochenta...).  Con este plantel de querer hacer cosas más grandes pero sin sentir respaldo (tan necesario el mentor, en todos los ámbitos), le encontré. Alguien que cuando hablaba simplemente tenías que pararte y escuchar, porque lo decía desde dentro. No escupía palabras sin intención. Su intención era comunicar, y lo hacía con tanta normalidad que me parecía mágico. Decir lo que piensas sin dañar a los demás, pedir lo que necesitas y dar tu opinión sobre algo. Sin ánimo de hacer daño ni de imponer tus ideas. Llevar a la gente a tu terreno sin hacerles ponerse a la defensiva. Para mí esto fue completamente nuevo, a mí me habían enseñado a no dar mucho la tabarra y a decir lo políticamente correcto.  Os podéis imaginar el mundo que se abrió ante mí. Tardé todavía años en llegar a la palabra "Asertividad" (no había internet, entre muchas otras cosas), pero para mí fue simplemente ponerle nombre al descubrimiento que me cambió.

 Continuaré con la asertividad próximamente, pero antes ved por favor el siguiente video. Seguro que conocéis la escena y os pasó como a mí: simplemente os sentisteis enganchados al personaje.
La vie est belle

Hasta la próxima ;)

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