Hola a todos!Tenía ya mono de escribir en este blog tan querido, pero seguro que también os pasa a los que os gusta escribir... necesitáis una chispita que os inspire!! Pues ¡aleluya! he tenido la chispita de lucidez que necesitaba: hoy os voy a hablar del tipo de directivo, jefe, manager... que aspiro ser. Casualmente (o no), coincidirá con el perfil que más he admirado de entre los managers que me han tocado en gracia (por suerte, todos buenos, pero con formas de gestionar los problemas diarios y las personas de forma absolutamente opuesta).
Actualmente, estoy en ciernes de un ascenso. Un pasito importante en la dirección que más me apasiona: la gestión de personas. Y estaba releyendo un libro que os recomiendo enormemente ("El toque francés: para ser feliz en el trabajo y en la vida", de Mireille Guiliano) donde la autora lanza una pregunta al lector: "Qué clase de directivo quieres ser"? Y es por ello que heme aquí. ¿Qué tipo de directiva quiero ser, ahora que voy a tener la maravillosa oportunidad de serlo?
La gestión consiste en hacer las cosas correctamente; el liderazgo consiste en hacer lo correcto. (Peter Drucker)
Lo que me obsesiona, más allá de saber de métricas, números, gráficos, porcentajes, etc... es que el equipo con el que voy a trabajar esté feliz conmigo, y por encima de todo, que confíe en mí. ¿Cómo se gana esa confianza, esa fé ciega?
Mi experiencia es que nunca seguimos a un nombre, seguimos a una persona. Y se han ganado mi confianza haciéndome sentir cercana, importante, parte de una familia, querida y sobre todo oída. Y esto no es algo que han conseguido de la noche a la mañana: ha sido un trato cercano, personalizado y diario. Por tanto, en este sentido, lo tengo claro: soy una más del equipo, una persona normal intentando dar lo mejor de mí. Y ell@s han de saberlo. La magia ocurrirá cuando haya un contagio mutuo de esta forma de trabajar.
Hablar no es lo mismo que comunicar
Esto lo sabemos todos bien: estamos rodeados de información, podemos acceder a lo que ocurre en cada esquina del mundo en tiempo real. Y aún así... hay una sensación generalizada de desinformación. Estamos empachados de información, y los mensajes no nos llegan, porque estamos saturados.
Tan malo es hablar poco como hablar demasiado.
Siempre he agradecido que me hayan informado con tiempo de lo que venía nuevo en el proyecto, o de la situación actual de la empresa. Pero he agradecido aún más que no me lo contaran todo, que no me preocuparan antes de tiempo, o que no me dieran más información de la que necesitaba. A veces, nuestros jefes nos reúnen a todos con urgencia para explicarnos cosas que se vienen importantes... y resulta que salimos igual que entramos. Nos han pasado información que realmente no nos era relevante. O se han anticipado demasiado. O nos la dan tarde.
Y no pasa nada, realmente es parte del proceso. Ellos también están aprendiendo día a día (de ahí que lo de hablar mal de un compañero o de un jefe, que ocurre, sea tan poco apropiado y cree mal ambiente. Todos estamos en esta vida de paso, en un proceso de aprendizaje continuo... Si entendemos esto, lo perdonaremos casi todo, hasta la saturación por información).
Por tanto, súper importante: simplificar las cosas. Resumir la información y lanzar de uno a tres mensajes, recalcarlos y asegurarse de que todo el mundo lo ha entendido. De nada sirve reunir a la gente durante horas para no sacar nada en claro. Y además ocurre otro temido fenómeno: la sensación de estar perdiendo el tiempo.
Ser sistemáticamente justo y eficaz, genera lealtad
A mí como más me gusta que me dirijan es:
*Me proporcionan: pautas, objetivos y herramientas.
*Vosotros sois: gente talentosa, extraordinaria y deseosa de trabajar y dar lo mejor.
Tenéis todo lo que necesitáis: Os dejo hacer.
Esto, que quizás a alguien le ponga los pelos de punta, es una forma de trabajar deliciosa: la gestión ni es mínima ni excesiva: está ahí cuando se la necesita. Cuando quien te dirige se fía de ti (nosotros) de esa forma, lo das todo. Y lo haces porque quieres, que es lo mejor de todo. Y quieres que todo salga bien. Y quieres que el equipo quede en lo más alto.
Obviamente, no estamos solos en este viaje. Un buen directivo ha de estar ahí. Y cuando lleguen las decisiones difíciles (que llegarán), los empleados querrán (querremos) que quien nos guía por este mundo de tinieblas (alegoría del puesto de trabajo para muchos mortales) sea capaz de tomar decisiones difíciles y de hacerlo con claridad. Es más: han de ser capaces de tomar decisiones impopulares (las más complejas, desde mi punto de vista).
Sin embargo, las personas ansían un liderazgo (a veces se confunde con la gestión, pero no son lo mismo) firme y seguro. Y siendo así, hasta las decisiones más difíciles se harán respetar, sólo por venir de quien vienen. La coherencia es un bien preciado, y la confianza en uno mismo fundamental.
Próximamente, la segunda entrada!
Un abrazo a todos!!
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