La gente buena, abunda. La gente buena está por todas partes, allá donde vas. La gente buena está ahí para echarte un cable, para apoyarte, para darte un buen consejo o un buena hostia a tiempo. La gente buena está cuando se le necesita, y no hay más que hablar. Pero la gente buena es silenciosa.
Cuando cambio de trabajo, mi mente piensa... "qué bien, qué de gente buena por conocer." Me predispongo así a encontrar todo lo bueno desde el principio. Que los comienzos son difíciles, sí. Que no siempre hay todo lo bueno que uno querría encontrar, correcto. Pero como hay gente buena en todas partes, no pasa nada: todo irá bien. Hay que confiar.
De la gente buena, desgraciadamente, se cree que no llega nunca a puestos de gerencia. No hay jefes que sean buena gente, o no abundan. Craso error. Lo que convierte en ogros a los jefes son nuestros prejuicios, nuestra idea de cómo son todos los jefes: egoístas, presumidos, egocéntricos, déspotas, tiranos... un dechado de virtudes. No saben liderar, no tienen ni idea de cómo llevar un equipo, tú lo podrías hacer mejor con un lápiz metido en la nariz. Un mono podría hacerlo mejor drogado hasta las cejas! No tienen educación, no saben hablar/escuchar. Les importamos ná y menos. No entienden que tengamos una vida, una familia, aficiones. No saben lo que es tener amigos, parece.
Barbaridades como estas, todos hemos escuchado. Son habituales, tóxicas y lejos de la verdad.
Lo cierto es que no todos los jefes son malos, como no todas las personas lo son (ya hemos dicho que lo bueno, abunda). Quizás todo se reduzca a dos malentendidos: Uno, el jefe muy posiblemente no haya ido ascendiendo en la empresa para conocer todos sus estratos hasta llegar a la gerencia, lo que hará que mucho cariño no le tengas, y es muy probable que él no conozca el negocio bien. Y dos, los jefes no entienden cómo no puedes hacer tu trabajo a tiempo si no tienes mil reuniones al día, ni tienes que dar una imagen, ser amable con todo el mundo, etc... Y tienes a alguien que da la cara por tí.
Es decir: cada uno tiene sus responsabilidades, y estés en donde estés, habrías de lograr ser el mejor en aquello que hagas. Me da igual que sea apilar cajas o hacer cirugía. La excelencia no conoce de esos sesgos: eres bueno en lo que haces, y punto.
A esta imagen simplista y tópica de los jefes, hay que añadir una variante más: está la sensación del enchufismo absoluto, de seleccionar a dedo, de que ascienden al menos indicado (es decir, a alguien que no eres tú)... de todo, aquí se escucha de todo y para todos los gustos. Y es que hay dos palabras que quizás no hayáis oído nunca, pero que de seguro os están impidiendo llegar más alto en vuestra carrera: es el "techo de cristal".
El techo de cristal es una metáfora, claro, pero se refiere a una barrera, un tope, que no lo puedes ver ni tocar pero ahí está, separándote del sitio al que aspiras, y que se están llevando otros que (a tu juicio) están mucho menos preparados.
Las mujeres sabemos muy bien lo que es ese techo cristalino, porque hasta hace relativamente poco, la inmensa mayoría de los jefes eran hombres. Actualmente, aunque siguen siendo mayoría, ya no lo son tanto: cada vez hay más mujeres en puestos directivos o de responsabilidad (sin embargo, muchas tienen que renunciar a otros aspectos de su vida, puesto que la conciliación todavía no está lograda... pero estoy segura de que se encontrará una forma tarde o temprano). El techo de cristal es una barrera, a veces mental, a veces real, que tenemos que enfrentar para poder traspasar.
Podemos ser los empleados mejor preparados, los que mejor conocemos la empresa, las reglas de negocio, la gente (de nuestro nivel o en puestos inferiores), etc... que si no gozamos de una relación estrecha con nuestros superiores, cuando quede un puesto libre en la directiva, nuestro nombre sencillamente no aparecerá como posible. Seremos invisibles, pese a lo que sabemos que valemos y lo que podemos aportar. En nuestro lugar, pondrán a alguien que seguramente sepa mucho menos que nosotros del negocio, quizás hasta lleve menos tiempo en la empresa, pero ahí está. Vendrán, sin duda, los comentarios ofensivos hacia él/ella, los rumores, los odios (así se gestan las animadversiones sin sentido): que si se ha metido con el jefe en la cama, que si es un pelota, que si no sabe hacer la "o" con un canuto... de acuerdo, no sabrá al 100% de qué va lo que tiene entre manos, pero lo cierto es que la culpa es tuya por haberte hecho invisible a los ojos de la directiva: si no hubieras sido invisible para ellos, más allá de una cara amable y de un buen trabajador, de seguro habrían contado contigo, y muy posiblemente ese puesto hubiera sido para ti.
Por tanto... ¿cómo lo hacemos? ¿Como sorteamos ese techo de cristal que nos impide avanzar hacia arriba?
Muchos lo llamarán "peloteo", me temo. Olvídate de eso. Sabes que hace falta gente como tú ahí arriba para cambiar las cosas, para hacerlas mejor. Sabes muy bien los puntos flacos de la empresa, la gente que habría que promocionar y la que es prescindible. Todos te valoran y te aprecian: eres un buen compañero, cumples y eres trabajador como el que más. Vamos, lo tienes todo. Pero recuerda: aún eres invisible para los de arriba.
De entre todo lo que he podido aprender estos años, os extraigo lo esencial. Es muy fácil en realidad: 1) Está bien que te lleves con tus compañeros y con la gente de puestos más bajos que el tuyo. Es perfecto, pero ¿qué pasa con los de arriba? Son personas también. ¿Es que estar en puestos más altos te hace menos humano? Si piensas eso, normal que no quieras ascender y te sabotees tú mismo. Puedes charlar con tus jefes... que te conozcan. 2) Búscate un mentor o semejante dentro de la compañía: Todas las empresas, absolutamente todas, tienen sus propias normas internas, es sólo que nadie nos las ha explicado todavía. Como mentor, entendemos a esa persona que conoce bien las reglas, sabe cómo funcionan las cosas. Hazte con un mentor: sabrá con quién hay que hablar, quién te puede ayudar más, etc.. aprenderás de él lo que hace falta para que tu carrera despegue. 3) Hacer muchos cafés: las charlas animadas frente a la máquina de café o el surtidor de agua, son de todo menos triviales. No se trata de ser un pelota, por favor, claro que no! Ni se trata de ser súper encantador, ni nada de eso. No se trata de engañar, se trata de crear vínculos, de que te conozcan, de que se den cuenta de lo que sabes de la empresa, de tu interés en que vaya bien, de que tus valores están alineados con la gestión, etc... Otra cosa es que tengas ideas increíbles para hacerla mejorar, pero primero gánate la confianza para que las ideas calen. El peloteo guárdatelo para otro momento. Ahora se trata de crear vínculos y crear una relación: hay que invertir tiempo, pero el resultado es muy positivo.
Estas tres pistas que te he dado, son como el mini martillo de muchos autocares: te ayudarán a romper ese techo y a abrirte camino. Es un nuevo comienzo en tu vida profesional.
Hasta la próxima!

Comentarios
Publicar un comentario