3 a 1
Por cada momento triste, donde nos sintamos invadidos o a la defensiva, o simplemente exhaustos por las luchas internas, necesitamos de 3 instantes de felicidad, de renovación, de sentirnos dichosos. En las relaciones de pareja, la proporción es de 6 a 1.
Veréis:
En la vida nos enfrentaremos a las cosas muchas veces por dos vías distintas: una es la de hacer las cosas que queremos, y la otra es la de hacer las cosas que nos vienen impuestas, nos dicen que estaría bien que hiciéramos, o nos empujan a hacer de cualquier manera, porque ellos saben que es lo mejor para ti.
Vamos a comenzar con el segundo punto de vista:
Comenzaré diciendo que has de huir de todo aquello que comience por “Deberías hacer...”. Ese “debería”, si a ti no te convence lo que dice, hará que te pongas a la defensiva, en un estado de negatividad, rechazo y bloqueo. Te enfrentarás a ese debería de la peor forma posible, desmotivado y triste. Y si comienzas a hacer ese “debería” que te han impuesto, lo dejarás a mitad de camino, sino antes, porque esa idea no te ilusiona, no nació de tí, no crees que se acomode a lo que eres, y sientes que no estás haciendo lo que te gusta de verdad.
Diría que toda mi vida he sufrido de este tipo de “Debería hacer”, de todos los frentes posibles: familia, pareja, amigos. La gente te ve, y rápidamente hay que arreglar al de enfrente para que haga las cosas como a nosotros nos gustaría.
Mire usté. No necesito arreglo. Puedo hacer esto o aquello, pero como realmente no quiera, no daré todo, y será una chapuza lo que salga, eso sí que lo garantizo. Que te digan que deberías hacer x, te pone a la defensiva. Estrés. Mala leche. Pero qué manía con decir a los demás lo que deben de hacer! De ese estado negativo, estresante y de mala baba, no puede salir nada bueno. No pueden comenzarse cosas geniales en ese estado. Hay que cambiar a uno positivo, y cuanto antes.
Todos tenemos nuestro YO ideal. Aquel ser al que aspiramos, al que nos gustaría llegar (a ser posible, en esta vida). Es una imagen mental propia, donde proyectamos lo mejor de nosotros mismos llevado al límite: nuestra mejor versión. No es menos cierto que es una visión, pero pensar en ello... pensar en ello te libera, hace que respires hondo y el cuerpo entre en un estado profundo de bienestar. Ese eres tú, dentro de un tiempo.
Hagamos un ejercicio: Piensa dónde te gustaría verte de aquí a 5 años (teniendo en cuenta que los ciclos en las personas cambian cada 5-7 años): dónde te gustaría vivir? Con quién? Te ves trabajando en el mismo sitio? Dónde, sino? En la misma ciudad? En la misma casa? Te gustaría estudiar algo nuevo? Hacer algún curso? Te ves a tí mismo en esa situación? Te sientes bien?
Seguro que te sientes bien viéndote a tí mismo así. Debo decirte que acabas de entrar en un estado de emoción positiva, y durante el resto del blog, quiero intentar que sigas conmigo ahí.
Cuando comenzaba diciendo que por cada vez que hayamos entrado en un estado negativo, necesitamos 3 momentos de renovación, positivos y motivadores, para no dejarnos llevar por el estrés crónico, era completamente cierto. Necesitamos esos momentos de placidez y felicidad, sino directamente moriríamos. El estrés nos comería vivos. Necesitamos encontrar momentos de dicha y plenitud continuamente. No dejes de buscarlos, es lo que nos mantiene motivados y con fuerza.
A mí me gusta mucho recordar los veranos, y de hecho son imágenes que vienen a mí sin yo buscarlas, como la gravedad. Siempre aterrizo en los mismos sitios, y me recreo durante unos minutos en esas sensaciones. Es maravilloso volver a tener 10 años. Volver a tener 18. Aquel viaje. Los abuelos. Las cosas que soñamos entonces y se han podido hacer realidad. La ilusión viva y mantenida de hacer el mundo mejor de lo que lo encontramos. Aquel primer te quiero. El primer beso a escondidas. El primer paseo de la mano...
Revive los tuyos a diario, mientras tomas un cafetín en la oficina o te lo haces en casa. Cuando abras la ventana por la mañana. Entra en esos estados todas las veces que puedas. Recuerda a amigos que sepas que les importas y te extrañan. Compañeros de trabajo geniales. Primos, sobrinos. Recuerda y mantén vivo su cariño por tí.
Esta parte diría que es fundamental para entrar en un estado positivo de la mente, pero hay algo más.
Cuando te he hecho esa pregunta de ¿Cómo te ves en 5 años? Has hecho algo que oirás que la gente ya no hace, pero es mentira: SOÑAR. Has hecho un ejercicio de imaginación. Has soñado con el futuro. Te has visto a ti mismo dentro de unos años.
Y es en este estado de positivismo y motivación, desde donde puedes hacer lo que te propongas, porque habrás arrancado del estado adecuado. Estudiar? Cambiar de trabajo? Declararte a alguien? No podrías estar en mejores condiciones para hacer lo que quieras. Porque se trata de eso, de querer. Y para querer no ha de darte nadie ideas, han de salir de ti.
Soñando has visto tus objetivos. Ahora tienes que encontrar la mejor manera para llegar a ellos: prepararte, y arriesgarte. Y verás que en el proceso habrá problemas, pero mientras sepas a dónde vas... nada podrá pararte.
Por cada momento triste, donde nos sintamos invadidos o a la defensiva, o simplemente exhaustos por las luchas internas, necesitamos de 3 instantes de felicidad, de renovación, de sentirnos dichosos. En las relaciones de pareja, la proporción es de 6 a 1.
Veréis:
En la vida nos enfrentaremos a las cosas muchas veces por dos vías distintas: una es la de hacer las cosas que queremos, y la otra es la de hacer las cosas que nos vienen impuestas, nos dicen que estaría bien que hiciéramos, o nos empujan a hacer de cualquier manera, porque ellos saben que es lo mejor para ti.
Vamos a comenzar con el segundo punto de vista:
Comenzaré diciendo que has de huir de todo aquello que comience por “Deberías hacer...”. Ese “debería”, si a ti no te convence lo que dice, hará que te pongas a la defensiva, en un estado de negatividad, rechazo y bloqueo. Te enfrentarás a ese debería de la peor forma posible, desmotivado y triste. Y si comienzas a hacer ese “debería” que te han impuesto, lo dejarás a mitad de camino, sino antes, porque esa idea no te ilusiona, no nació de tí, no crees que se acomode a lo que eres, y sientes que no estás haciendo lo que te gusta de verdad.
Diría que toda mi vida he sufrido de este tipo de “Debería hacer”, de todos los frentes posibles: familia, pareja, amigos. La gente te ve, y rápidamente hay que arreglar al de enfrente para que haga las cosas como a nosotros nos gustaría.
Mire usté. No necesito arreglo. Puedo hacer esto o aquello, pero como realmente no quiera, no daré todo, y será una chapuza lo que salga, eso sí que lo garantizo. Que te digan que deberías hacer x, te pone a la defensiva. Estrés. Mala leche. Pero qué manía con decir a los demás lo que deben de hacer! De ese estado negativo, estresante y de mala baba, no puede salir nada bueno. No pueden comenzarse cosas geniales en ese estado. Hay que cambiar a uno positivo, y cuanto antes.
Todos tenemos nuestro YO ideal. Aquel ser al que aspiramos, al que nos gustaría llegar (a ser posible, en esta vida). Es una imagen mental propia, donde proyectamos lo mejor de nosotros mismos llevado al límite: nuestra mejor versión. No es menos cierto que es una visión, pero pensar en ello... pensar en ello te libera, hace que respires hondo y el cuerpo entre en un estado profundo de bienestar. Ese eres tú, dentro de un tiempo.
Hagamos un ejercicio: Piensa dónde te gustaría verte de aquí a 5 años (teniendo en cuenta que los ciclos en las personas cambian cada 5-7 años): dónde te gustaría vivir? Con quién? Te ves trabajando en el mismo sitio? Dónde, sino? En la misma ciudad? En la misma casa? Te gustaría estudiar algo nuevo? Hacer algún curso? Te ves a tí mismo en esa situación? Te sientes bien?
Seguro que te sientes bien viéndote a tí mismo así. Debo decirte que acabas de entrar en un estado de emoción positiva, y durante el resto del blog, quiero intentar que sigas conmigo ahí.
Cuando comenzaba diciendo que por cada vez que hayamos entrado en un estado negativo, necesitamos 3 momentos de renovación, positivos y motivadores, para no dejarnos llevar por el estrés crónico, era completamente cierto. Necesitamos esos momentos de placidez y felicidad, sino directamente moriríamos. El estrés nos comería vivos. Necesitamos encontrar momentos de dicha y plenitud continuamente. No dejes de buscarlos, es lo que nos mantiene motivados y con fuerza.
A mí me gusta mucho recordar los veranos, y de hecho son imágenes que vienen a mí sin yo buscarlas, como la gravedad. Siempre aterrizo en los mismos sitios, y me recreo durante unos minutos en esas sensaciones. Es maravilloso volver a tener 10 años. Volver a tener 18. Aquel viaje. Los abuelos. Las cosas que soñamos entonces y se han podido hacer realidad. La ilusión viva y mantenida de hacer el mundo mejor de lo que lo encontramos. Aquel primer te quiero. El primer beso a escondidas. El primer paseo de la mano...
Revive los tuyos a diario, mientras tomas un cafetín en la oficina o te lo haces en casa. Cuando abras la ventana por la mañana. Entra en esos estados todas las veces que puedas. Recuerda a amigos que sepas que les importas y te extrañan. Compañeros de trabajo geniales. Primos, sobrinos. Recuerda y mantén vivo su cariño por tí.
Esta parte diría que es fundamental para entrar en un estado positivo de la mente, pero hay algo más.
Cuando te he hecho esa pregunta de ¿Cómo te ves en 5 años? Has hecho algo que oirás que la gente ya no hace, pero es mentira: SOÑAR. Has hecho un ejercicio de imaginación. Has soñado con el futuro. Te has visto a ti mismo dentro de unos años.
Y es en este estado de positivismo y motivación, desde donde puedes hacer lo que te propongas, porque habrás arrancado del estado adecuado. Estudiar? Cambiar de trabajo? Declararte a alguien? No podrías estar en mejores condiciones para hacer lo que quieras. Porque se trata de eso, de querer. Y para querer no ha de darte nadie ideas, han de salir de ti.
Soñando has visto tus objetivos. Ahora tienes que encontrar la mejor manera para llegar a ellos: prepararte, y arriesgarte. Y verás que en el proceso habrá problemas, pero mientras sepas a dónde vas... nada podrá pararte.
Comentarios
Publicar un comentario